Emprendimientos
Pitch en la Playa
10 diciembre, 2015
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El mes pasado estuve unos días con mi mujer en las playas de Buzios descansando y me ocurrió lo que a muchos cuando viajamos: me relajé, bajé mis ansiedades, me volví más observador y mi creatividad floreció.

Promediando la semana de vacaciones, después de haber conocido algunas playas, fuimos a Tartaruga (tortuga en portugués), una playa en forma de semicírculo, con una temperatura de agua mejor que la de Mar del Plata y una serie de paradores uno al lado del otro bordeando la orilla. Muy pintoresco y rodeada de naturaleza… el lugar perfecto para inspirarse!

Los visitantes habitualmente ingresan por uno de los extremos del semicírculo y van caminando hacia el otro extremo buscando el lugar ideal donde pasar el día. En su trayecto pasan por los aproximadamente 10 bares con sus sombrillas y reposeras.

Nosotros caminábamos por la orilla y al llegar a la altura del primer “parador”, se acerca una persona, Argentino de unos 25 años, rastas, bermudas y una sonrisa bien practicada quien llama nuestra atención: “chicos, chicos”. Por respeto a quien se acerca, detenemos nuestra marcha y nos cuenta: “Mi nombre es Huguito (realmente no recuerdo cual era el nombre), vivo en Buzios pero soy originalmente de Buenos Aires, estoy trabajando en el mejor bar que puedan encontrar en esta playa. Les ofrezco pasar un día espectacular, WI-FI gratis, reposeras y sombrillas sin costo. Sólo pagan por lo que consumen”.

Cuando termina de ofrecernos amablemente que pasemos a sentarnos, agradecemos, damos un paso decididos a continuar nuestro camino y rápidamente se acerca un representante del siguiente bar a contarnos los servicios que ofrecían: wi-fi gratis, reposeras y sombrillas sin costo y un daiquiri gratis para cada uno.

Algo parecido ocurrió con los restantes 8 bares. Fue el recorrido de playa más corto y de más duración que puedo recordar, nos tomó 30 minutos caminar de punta a punta cuando podría haber tomado 10. Pero como estábamos de vacaciones, despreocupados y pasando por una experiencia bastante singular, lo disfrutamos.

Cuando llegamos al otro extremo, le pregunté a mi mujer en que bar prefería comer. Al responderme que prefería “el de las sombrillas amarillas” le pregunté los motivos por los cuales había elegido ese en particular, a lo que respondió: “porque me pareció el más pintoresco y limpio. Admás me cayó simpático el que nos quizo convencer”.

Básicamente cada “vendedor” esperaba respetuosamente que la persona anterior finalizara su pitch para tener su oportunidad: una determinada cantidad  de minutos para vender sus servicios, que está determinado por el tiempo en que uno demora en pasar por el bar en cuestión. Estaba en la habilidad de cada uno de ellos, lograr que nuestra marcha sea más lenta o nos detengamos totalmente para escuchar con más atención la oferta.

 

El día terminó pero me quedé maquinando con el tema, así que al día siguiente mientras mi mujer estaba en el spa, regresé a la misma playa con la intención de prestar más atención al proceso.

Allí fue cuando reconocí los skills, herramientas y recursos que cada vendedor utilizaba, con frases que iban desde “si entras al mar acá vas encontrar delfines… a los costados, sólo tiburones” hasta “se que te aburriste de que todos te ofrezcan lo mismo, yo te ofrezco wi-fi gratis, reposeras y sombrillas sin costo”. Algunas otras frases eran más personalizadas según el rápido diagnóstico que hacían del potencial cliente (que claramente variaban si estabas solo, en pareja o en famila): “acá están las mejores chicas para los galanes argentinos”. E incluso servicios a medida: “te podes emborrachar y te llevamos a tu posada gratis”.

¡Estaba en una competencia de pitch! ¡Y eran profesionales!

Todos los días esas personas practicaban y perfeccionaban su pitch para lograr un único objetivo: aumentar la cantidad  de clientes que elegían su bar, ya sea por su ubicación, por un servicio diferencial que ofrecían o, lo más probable, porque compraban el pitch.

Claramente había algunos mejores que otros y uno podia identificar al que tenía más experiencia del más novato, pero lo más rico de la experiencia fue ver la variedad de recursos que utilizaban para ser los ganadores de la competencia.

En el mundo del emprendedurismo, la idea básica y resumida de un pitch o más especificamente de un elevator pitch, es condensar un mensaje que llame la atención de alguien en pocos segundos o minutos, obteniendo como resultado una reunión con esa persona para más adelante.

El concepto nace a partir de la posibilidad de encontrarse con un potencial accionista, cliente o inversor en un ascensor (o en una situación fortuita) y tenerlo disponible sólo por el tiempo que se demora en llegar al piso deseado, tiempo en el cual uno debe transmitir una idea de forma clara, concisa y sintética.

Hoy en día es muy común ver competencias en las cuales los emprededores intentan ganarse a un jurado para incubar su proyecto, acelerarlo, ganar un premio o recibir inversión. Incluso, si Googlean, encontrarán muchísimos consejos para preparar un buen pitch, perfeccionarlo e impactar a su audiencia… pero nada como verlo de forma tan natural en una playa de Brasil.

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