Argentina Desafíos
Hacer algo épico por nuestra educación
11 abril, 2017
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De tanto en tanto, cuando me enfrento a algún bloqueo creativo, recurro a lo que llamo el “cajón de soluciones”.

Ese cajón nació literalmente como tal, pero con el tiempo se ha convertido en una sección importante de mi biblioteca: allí ubico cuadernos, blocks de notas y libretas que habré comenzado a reunir hace unos diez años. Hojas enteras en las cuales voy escribiendo, dibujando y garabateando ideas, pensamientos, ocurrencias, deseos, observaciones y disparadores que potencialmente podrían transformarse en proyectos.

 

Al volver a esos cuadernos, me doy cuenta que la mayoría de las ideas allí plasmadas, probablemente mueran como una serie de frases sin demasiado sentido, pero aquellas que después de mucho tiempo siguen sobresaliendo de esas páginas, son las ideas a las que les debo prestar atención.

 

Hace ya varias semanas que venía intentando encontrar un modelo de negocios “diferente” para un nuevo proyecto en el que estoy trabajando, pero no le podía encontrar la vuelta. Así que aproveché el domingo de lluvia y recurrí una vez más al cajón de soluciones, con la intención de buscar inspiración, encontrar un modelo que haya llamado mi atención en el pasado o bien combinar algunas viejas ideas y lograr algún avance.

 

Sin embargo, lo que me ocurrió esta vez fue diferente. Al llegar a las últimas páginas del cuaderno más reciente, me encontré con lo siguiente:

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Todavía recuerdo el momento en el que escribí esa hoja… Fue el día en el que decidí embarcarme en la aventura de diseñar y dirigir Infinito por Descubrir (cuando aún no se llamaba así).

En aquel momento creía que llevar adelante un proyecto de innovación educativa como ese, desde el estado nacional, nos daría la escala necesaria para realmente transformar la educación, y por ende, alterar la realidad de nuestro país.

 

Aquella sensación de tener en nuestras manos la posibilidad de hacer algo épico, se fue desvaneciendo a medida que iba comprendiendo que las iniciativas con potencial disruptivo deben permanecer aisladas del sistema para lograr un funcionamiento ideal. Sin embargo, ese aislamiento reduce drásticamente su impacto y no permite torcer el rumbo de nuestro destino.

 

Si pensamos en el sistema educativo hace algunas décadas atrás, uno podía ver que cada elemento de ese sistema era una pieza que calzaba casi perfectamente en un conjunto de engranajes que funcionaban de forma precisa y fluida.

Con el tiempo esos engranajes se fueron poniendo viejos, oxidando, deformando y hasta perdiendo algunos dientes.

 

Hoy, cuando uno los ve girar, siente un poco de pena, los ve cansados, haciendo un gran esfuerzo por mantenerse activos y piensa en reemplazarlos. Pero rápidamente se da cuenta que para hacerlo, debe frenar todo el sistema.

 

A medida que nos vamos alejando de esos engranajes desmotivados, de esos ejes sin dirección y de esas bandas que perdieron su interés, podemos ver el sistema completo en funcionamiento y nos damos cuenta que nada tiene sentido, es como si todo estuviera girando en falso hace años.

 

Y ese es el problema: el sistema fue tan bien diseñado, que a pesar del claro deterioro de sus componentes, sigue girando. Lo que genera que nuestros esfuerzos por intentar alterar ese status quo, mermen de manera considerable.

 

Pero el reto es aún mayor. Nos damos cuenta que cambiando sólo algunos engranajes nada cambiaría, de hecho, podría ser peor el remedio que la enfermedad, lo que nos lleva a pensar que deberíamos rediseñar el sistema por completo.

 

Pero… ¿Cómo hacemos para cambiar todos los componentes sin frenar la máquina?

¿Quién está dispuesto a arriesgarse a hacer el esfuerzo que implica diseñar las nuevas piezas, fabricarlas, combinarlas, probarlas, implementarlas, mejorarlas?

¿Quién está dispuesto a hacerlo sin que haya niños y adolescentes profundamente perjudicados en el camino?

 

Tal vez la respuesta a esas preguntas venga por este lado: en la época en la que dirigía mi compañía de desarrollo de software, tuvimos la oportunidad de crear diversas soluciones complejas para grandes empresas. En muchos casos, esas nuevas soluciones eran innovaciones que remplazaban viejos sistemas que funcionaban bien, pero ya no se adaptaban a las necesidades cambiantes de las organizaciones.

En todas y cada una de esas ocasiones, teníamos algo en claro: jamás debíamos “apagar” el sistema viejo para “prender” el nuevo. Teníamos que mantener ambos sistemas funcionando en paralelo durante un tiempo, hasta lograr la estabilidad de la nueva solución y garantizar los mismos resultados que el sistema anterior. Recién en ese momento, la nueva solución comenzaría a mostrar todo su potencial.

 

Sabemos que tenemos un problema, sabemos que el sistema está deteriorado, sabemos que sigue girando, sabemos que detenerlo y cambiarlo por otro no es una opción, pero también sabemos que es posible resolver este desafío.

 

Debemos diseñar una solución que funcione paralelamente al sistema educativo actual, que lo complemente, que no utilice ninguno de sus engranajes, que, incluso, no utilice engranajes, sino unos y ceros, un sistema que pueda enfocarse en habilidades socioemocionales, un sistema que pueda adaptarse a las necesidades de forma dinámica, un sistema que crezca de abajo hacia arriba, que “rompa” con el aula, que sea equitativo, que aproveche la tecnología como potenciador, que tenga la capacidad de transformar vidas.

 

El domingo no pude encontrar el modelo de negocios que estaba buscando en mi cajón de soluciones, pero me topé con algo mejor: la esperanza de que todavía es posible hacer algo épico por nuestra educación y la energía para convertirlo en un mi misión.

Hay 4 comentarios

  • Gabi dice:

    Me alegraste el día. Abrazo Ga

  • Astrid dice:

    Coincido tanto con esta reflexion!!!! Yo tambien intento hacer camino en el cambio de un paradigma lleno de oxido y cuego de desafios por venir. Hoy, apuesto al cambio, porque yonquiero ese cambio… pero yo tambien quiero cambiar!!!!!

  • Matías C. dice:

    Ixd es un gran ejemplo de que se pueden hacer cosas innovadoras, aunque aún no sea épico para el modelo educativo argentino, lo es para la vida de los chicos a los que alcanza el programa. Que no te atrapen los engranajes oxidados, Fuerza y a seguir inventando! Vivir es aprender.

  • Monica del minist de jujuy dice:

    Sos una persona muy valiosa Gaby!!!! Necesitamos muchos Como vos!! Cariños!!

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